18/08/2009

Nuestro paso por le Machiero a sido muy satisfactorio. Nos gustó mucho la comida y el trato.

Comentarios: 5/09/2009
MUY RECOMENDABLE, LA COMIDA MUY BIEN PREPARADA Y EL TRATO MUY AMABLE. VOLVEREMOS ,
ANA

12/09/09

Estupendo sitio , la guia Michelin no falla
22/09/2009

Muy sorprendidos con este restaurante ,le guardamos en nuestra guia particular
24/09/09

ESTE RESTAURANTE PUSO LA GUINDA EN NUESTRAS VACACIONES

25/09/09

Riquisima la comida y sobre todo los postres

 

Formulario enviado
Nombre: Virtudes Olmos
Email: virtudesOlmos@yahoo.es
Comentarios: La estupénda comida sólo es superada por la amabilidad y maravilloso trato del personal.MIL GRACIAS,ANA.


Estimados amigos del Machinero,

Por el tiempo que he tardado en enviarles el texto prometido contando lo bien que lo hemos pasado en vuestro restauran, quizás no os acordéis de nosotros. Somos   la pareja hispano-suiza que tuvo la suerte de cenar varias noches a fines de agosto en el Machinero. Pues aquí os envío, con el titulo “Langostinos al horno”, las impresiones de un viaje por Santander preñado de buenos recuerdos que os debemos.
Mi compañera, Mireille, le pidió al “Chef” detalles sobre la salsa de los langostinos. Desgraciadamente se olvidó de notarlos. La receta de los langostinos al horno figura en vuestra página web pero no he conseguido abrirla. ¿Pueden ser Vds. tan amables como para enviárnosla?

Un cordial recuerdo de Suiza
Juan y Mireille



Langostinos al horno


No conocíamos  Santander. Llegamos tarde, oscurecía y la lluvia empezaba a salpicar las calles. En el hotel, que no correspondía ni mucho menos a nuestras esperanzas por Internet, nos aseguró un señor muy amable que, “en Santander, no solía llover en verano, tan  solo en otoño y por la primavera, pero este verano traía consigo algo especial con tanta agua…” La lluvia no nos asustaba, sabíamos que el norte de España debe lo verde de sus tierras a la lluvia. Por eso nos fuimos a pasear por las calles con la ilusión de descubrir el casco antiguo de la ciudad. Pero no había tal casco antiguo. Otro día descubrimos que   solo se limitaba a lo poco que sobrevivió a dos incendios : una bonita catedral puesta sobre una sorprendente iglesia baja, tan baja que se parecía a una cripta sentada sobre ruinas romanas. Pero durante nuestro primer día, de Santander, solo vimos calles sin encanto alguno como por tantas ciudades del mundo. Regresamos cansados y decepcionados al hotel sin muchas ganas de seguir buscando un sitio para cenar. En la acera de enfrente, un bar, como tantos bares con algunas mesas fuera y familias hablando con animación, terminó por llamarnos la atención. Parecía que también se podía comer allí : fijándose bien se descubría por encima del bar una sala alumbrada que bien podía  ser un restaurante cuyo nombre nos pareció bastante raro : “Machinero”. Sin demasiada ilusión cruzamos la calle para descubrir… que no se trataba de un restaurante… ¡Mas bien encontramos la maravilla de un oasis en el desierto de nuestro paseo! Un bonito comedor adornado con gusto nos acogía con la misma amabilidad que su ama de casa y que su ayudante, una joven santanderina, dispuestas a transformar el desastre de nuestra tarde en verdadero triunfo.
Entre otros platos pedimos langostinos al horno : las palabras no bastan para contar  maravillas, y esto fue maravilla de las que alimentan sueños en los recuerdos de los buenos ratos pasados lejos de casa.
Nos quedamos varios días en Santander, los suficientes para descubrir sus encantos y los de sus alrededores : su incomparable bahía por donde nos nos cansamos de navegar y sus playas y sus parques y los pueblos hechos joyas como Santillana del Mar.
Fuimos a otros restaurantes. Algunos dirían que tenían más categoría que el Machinero tan solo por practicar precios más elevados pero ninguno nos dejó los recuerdos que el Machinero nos regaló noche tras noche con su carne, sus pescados o sus mariscos cada vez vestidos   con salsas  que eran gala y gloria para el paladar.
Si nosotros fuésemos andaluces nos llevaríamos a hombros, por la puerta grande, al artista vestido de cocinero que sabe escribir poemas en forma de algún manjar : Fernando Perez.

Mireille Michel y Juan Jimeno
Suiza


PD : Según el diccionario de la Real Academia : Machina = cabria o grúa de grandes dimensiones, que se usa en puertos y arsenales.